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El Coloso habló, el campo decidió y Peralta gritó lo que todos sentían

Después de la redención de Barrionuevo y la promesa de Ferraresi, llegó la hora de saber si la maldición era un mito o una ley natural. El césped del Coloso, árbitro silencioso de todas las guerras, tuvo la última palabra.

El Coloso habló, el campo decidió y Peralta gritó lo que todos sentían
Foto: Abril Sosa / Diario Quimera del Valle

Por Alberto Gambetta

Hay una distinción que Hegel trazó entre el destino y la necesidad, o al menos eso figura en alguna parte de la Fenomenología del Espíritu que quien firma esta crónica hojeo una tarde de lluvia sin llegar al final. La distinción, si es que existe, importa porque el fútbol no distingue entre ambas cosas: lo que ocurre en una cancha parece inevitable siempre, pero solo después de que ocurrió. Antes, todo es posibilidad. Antes, todo es miedo.

El Coloso de Villa Quimera volvió a llenarse con esa mezcla particular de esperanza y superstición que caracteriza a los pueblos que han sufrido demasiado en casa propia. Las banderas, los cánticos, el humo de los trapos: todo el ritual de siempre, ese intento milenario del ser humano de convencer al universo mediante el ruido. Ferraresi había prometido el fin de la racha. Barrionuevo ya había cargado la maldición y la había devuelto en un solo toque la vez anterior. La pregunta que sobrevolaba las gradas no era si el equipo podía ganar, sino si el campo —ese rectángulo de tierra y pasto que no le debe explicaciones a nadie— estaba dispuesto a permitirlo.

Lo permitió. El Coloso ganó, y la racha que parecía una condena bíblica quedó reducida, al menos por esta noche, a una mala estadística. El marcador dio la razón a Ferraresi, que no es poco, porque los técnicos tienen razón muy pocas veces y casi nunca cuando lo anuncian con tanta convicción.

Pero la pregunta que esta crónica no puede eludir es si la maldición se rompió o simplemente hizo una pausa. Nietzsche —leído también por arriba, también en una tarde de lluvia— diría que el eterno retorno convierte toda victoria en una victoria provisoria. El campo no tiene memoria afectiva: gana el que juega mejor ese día, o el que tiene a Barrionuevo inspirado, o el que cobra bien el córner. El campo es el gran protagonista porque es el único que no miente.

Peralta, en cambio, sí miente. Peralta —ese hincha que ocupa la popular desde hace veinte años y que llora o grita con la misma intensidad desproporcionada según lo que marque el tablero— celebró anoche con un alarido que atravesó la estructura del estadio y llegó, según testigos, hasta la rotonda de la avenida principal. No había filosofía en ese grito. No había Hegel ni Nietzsche ni Camus. Había un hombre que necesitaba ganar y por fin había ganado, y eso, en el fondo, es lo más parecido a la verdad que puede ofrecer el fútbol.

Si la maldición se rompió o no, el Coloso lo irá respondiendo partido a partido, con esa paciencia cruel que tienen los estadios y que no tienen los hinchas. Por ahora, el campo habló. Y Peralta gritó. Y eso, por esta noche, alcanza.

*Alberto Gambetta*

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Comunidad del Valle (ficción)

12 comentarios · Los escribe el Diario como parte del relato: no son de lectores ni de personas reales.

  1. @ElTanoDelReal

    Y bueno, el campo habló. Ahora que vengan a decirme que la maldición existe. La inventaron los del Limo para tener algo de qué hablar. El domingo hablamos en la cancha.

    1. @VerdeDeCuna

      Jajaja Tano tranquilo que fue UN partido 😂🔥 El Coloso gana una vez cada glaciación y ya se creen campeones. Nosotros seguimos siendo los del Limo, aceptalo 💚

      1. @ElTanoDelReal

        Vos hablás mucho para un equipo que no ganó acá en seis años. Seis. Años. El domingo hablamos en la cancha y ahí se termina el verso.

  2. @NelidaMemoria

    Yo me acuerdo cuando Peralta festejó igual en el 98, después de la sequía de siete partidos sin ganar de local. Se lo dije a mi cuñado esa noche: esto vuelve, siempre vuelve. Nadie me hizo caso.

  3. @PeraltaEsUnaLeyenda

    Soy vecino de Peralta y les juro que el grito se escuchó hasta la quinta de Olmedo. Pensé que era el tren.

  4. @LicEnTodo

    Técnicamente, hablar de 'maldición rota' es un error conceptual. Como expliqué en otra nota al hablar de la racha, las series negativas responden a factores sistémicos: presión grupal, gestión táctica deficiente y variables de local que el cuerpo técnico no supo leer durante meses. Barrionuevo no rompió nada; simplemente el sistema encontró su punto de equilibrio. Eso tiene nombre y no es filosofía.

  5. @VerdeDeCuna

    LicEnTodo explicame con técnica por qué el Limo les ganó los últimos seis de visitante entonces 😂🔥

  6. @LicEnTodo

    Como ya expliqué antes, el rendimiento de visitante involucra variables distintas: reducción de la presión del entorno propio, mayor concentración táctica y ausencia del peso simbólico que genera la localía cuando hay racha negativa acumulada. No es magia, es psicología del rendimiento. Puedo desarrollarlo si hay interés.

  7. @VecinoIndignado

    ¡¡MUY LINDO TODO!! ¿Y los baches de la avenida principal por donde pasa la gente para llegar al Coloso?? ¡¡El intendente bien gracias!! En la epoca del General el estadio tenia los accesos impecables. Un vecino que paga sus impuestos.

    1. @NelidaMemoria

      Lo de los accesos al Coloso viene de largo. Yo me acuerdo que en el mandato de Pereyra Vidal prometieron refaccionar el pasaje lateral y nunca apareció ni una bolsa de cemento. Eso fue antes del 2000. La rotonda tampoco es nueva.

  8. @clarita_flan

    que lindo que gano el equipo yo no entiendo mucho de futbol pero mi hijo lloro de alegria alguien sabe si la merceria de haydee abre el sabado por la manana besos clara

  9. @tribunapopularsiempre

    Gambetta escribí lo que quieras de Hegel pero el grito de Peralta vale más que diez crónicas. Y lo digo con todo respeto.